Aprender a escuchar

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El destino de lo que no se cuida es que se pierda. Al decir esto, también me estoy refiriendo a su matrimonio, a sus hijos y a su estabilidad. ¿Cómo pudieron llegar hasta aquí? ¿Por qué tuvieron que esperar que la Biblia tuviese que registrar esa terrible expresión “hasta que ya no hubo remedio”.

Yahvé, el Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta el punto que ya no hubo remedio” (2do Crónicas 36, 15-16)

Lo que puede detenerse desde el comienzo, termina en desgracia. Todos queremos que la violencia pare, pero en nuestras familias no hacemos nada por detenerla. ¿No está de acuerdo conmigo?  Haga un pequeño ejercicio: La mayoría de las veces en que usted abrimos la boca en la casa, ¿lo hacemos para entender o para ofender? En la Biblia, después de que Dios trataba de que la gente escuchara y no lo logró, se registra la expresión “ya no hubo remedio”.

Para usted todavía hay remedio. Para su caso lo hay. Escuche a Dios. Preste oído y organice sus cosas, para que mañana no agonice por ellas. ¿Qué será mejor, organizar o agonizar? Me parece que ya conoce la respuesta. Las palabras de los mensajeros fueron literalmente despreciadas. Para muchos es mejor vivir en el desorden, porque el orden implica sacrificio y esfuerzo, dedicación y atención, humildad y responsabilidad. ¿Hasta cuándo continuaremos despreciando las palabras que sabemos son las que tienen la razón? Usted sabe quién tiene la razón, pero desprecia esas palabras.

¿De qué le sirve destruir a todo mundo tratando de imponerse? ¿De qué le vale al hombre ganar el mundo, si al final pierde su alma? No tiene sentido ganar para tener la razón, si al final lo que crea es sufrimiento. Ganó la razón, pero perdió a su familia. Le ganó, lo  dejó callado o callada pero lo o  la perdió. No se ha dado cuenta de que cada vez que deja callada a su pareja por sus gritos, la pierde un poco más. En una ocasión, escuché decir que demasiados niños le tienen miedo a la oscuridad, mientras que demasiados adultos le tienen miedo a la luz. La luz aclara las cosas; la verdad libera a las personas. ¿Por qué no podemos aceptar nuestros límites? ¿Por qué no somos capaces de escuchar? Escuchar es una virtud, es el principio de la adecuada comunicación humana, es la base de la armonía. Plutarco , filósofo griego, decía: “Sabed escuchar, y sacaréis partido incluso hasta de los que hablan mal”.

Es que vivimos como zombies, sólo centrados en nosotros mismos. Nos cuesta ver con ojos limpios la realidad de que hay que cambiar. El que sabe lo que es bueno y no lo hace, está haciendo algo tan malo como el que hace el mal. El egoísta no quiere cambiar, quiere que los otros cambien.

Un conferencista comento en una ocasión que mientras daba una charla se acercó un señor a hablar con él, le miró a los ojos y le dijo: «Me fui del retiro a la mitad por esta terrible depresión que no pude controlar. Y, ¿sabe qué fui a hacer?

Me fui a tomar una caja completa de cervezas». Se salió de la oración, la predicación y la consejería para irse a tomar ¡una caja completa de cerveza! Este hombre estaba desesperado porque se había separado de su esposa, con la cual había procreado una hija. Reconocía que las cosas se deterioraron en su matrimonio por su causa, por estar solo trabajando todo el tiempo y su personalidad grosera, áspera y dura. Pero ahora la señora estaba casada con otra persona y él no podía soportar eso. Me habló de su incapacidad de perdonar y de superar su fracaso. Tenía miedo de una desgracia. A mí también me dio miedo de una desgracia. Coloqué mi mano en su hombro y le pregunté: “¿por qué las cosas llegaron hasta aquí?”. Su respuesta fue contundente: «Porque no me detuve a tiempo». La gente que persiste en coquetear con la dejadez, muy pronto se encontrará casado con ella.

Cuánto dolor, cuántas heridas, cuánto sufrimiento por causa de nuestra incapacidad de escuchar y de cambiar. Por qué siempre todo mundo decide cambiar cuando ya no hay nada que hacer, cuando “ya no hay remedio”. La cualidad de ser y de hacer lo correcto en los momentos oportunos no se improvisa. Es el resultado del escuchar, del poner atención, del dedicar tiempo a Dios y a los mensajeros de Dios, que son muchos y diversos. Es el resultado del análisis y del discernimiento. Es el resultado de intervenir y actuar en las cosas o situaciones y no esperar que sean otros los que lo hagan. Así que no se quede de brazos cruzados, lamentándose, alejándose, tomando alcohol, deprimiéndose o humillándose y menospreciándose. Tome cartas en el asunto. No sea orgulloso u orgullosa ni egoísta. Todavía hay remedio. Tráguese su orgullo si es necesario.

Me gusta como lo dijo Francisco de Quevedo: “La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió. Dios le respaldará si lo que usted quiere lograr es llevar la paz, la calma, el amor, la salud y el consuelo a los que están sufriendo. Lo respaldará si de verdad busca encontrar solución a los problemas de los demás, primero que a los problemas de usted.