¿En qué estoy pensando?

comienza-pensarEs muy importante entender que antes de resolver un conflicto exterior tenemos que resolver el conflicto interior, que es el más peligroso. En todos los seres humanos, el punto más vulnerable es nuestra mente. 

Es ahí donde se libran las peores batallas. El enemigo, donde más ataca es en nuestros pensamientos. De ahí que a lo que debemos prestar la mayor atención es a nuestra mente, específicamente a nuestros pensamientos. La manera de pensar que tenemos determinará las acciones que realizaremos. La primera cárcel en la que el enemigo nos encerrará será en nuestra mente. Satanás aprovechará nuestros momentos de crisis para invadir nuestra mente con toda clase de pensamientos negativos, pensamientos de fracaso, pensamientos de destrucción, pensamientos de desgracia.

Usted debe descubrir el poder que tienen sus pensamientos y las palabras que pronuncie sobre usted, sobre sus seres queridos y sobre su destino. Si el enemigo logra controlar sus ideas, su forma de pensar, entonces controlará sus acciones, su forma de hablar y sus sentimientos.

Los pensamientos dirigen nuestras acciones, nuestras acciones dirigen nuestros hábitos, nuestros hábitos dirigen nuestro carácter y nuestro carácter dirige nuestro destino.”

Por tanto, lo que pienso y cómo pienso hoy, determinará cómo estaré mañana.  Los pensamientos de nuestra mente deben ser siempre positivos, nunca negativos.  Dios es un Dios optimista. Mientras más se acerca uno a Dios, más optimista uno se vuelve. Pero, ¿cómo controlo mis pensamientos?

En la Biblia encontramos la idea de que en la vida existe un  tiempo para todo (Ecl. 3, 1). Si lo lee con detenimiento, observará que dice que hay un tiempo para llorar o sufrir. Siempre llegarán situaciones como para que las lloremos “un tiempito”. Hay tiempo de llorar,  pero ese tiempo debe ser “limitado”, no se puede estar llorando todo el tiempo. Hay que ponerle límite al sufrimiento. Nuestro pensamiento puede y Dios así lo quiere. Todos sufrimos por la pérdida de alguien o de algo. La Biblia nos dice que cuando murió Moisés, todo el pueblo hizo luto y lloró por treinta días.

Los israelitas lloraron a Moisés treinta días en las estepas de Moab; cumplieron así los días de llanto por el duelo de Moisés.”  (Deut. 34,8)

Era una situación bien difícil. Todo el pueblo había sido seguidor de Moisés, el que los había sacado de la esclavitud y guiado durante cuarenta años a través del desierto.  Para ellos, tener a Moisés a su lado, era casi como tener a Dios . Perder a Moisés era más que perder a una persona muy amada.  Era perder al líder que debía conducir a los israelitas a la tierra prometida.  Ellos pudieron  haberse preguntado: “¿Y ahora qué haremos?” Pudieron haberse quedado lamentando la pérdida todo el tiempo.  Pero sólo lo hicieron durante treinta días. Eso quiere decir que el tiempo para sufrir, ellos entendían, que no podía ser eterno. Y mire lo que hicieron:

Sucedió después de la muerte de Moisés, siervo de Yahveh, que habló Yahveh a Josué, hijo de Nun y ayudante de Moisés y le dijo: “ Moisés, mi siervo, ha muerto, arriba pues; pasa este Jordán, tú con todo este pueblo, hacia la tierra que yo les doy (a los israelitas)                                                                                 (Josué 1, 1-2)

Dios dijo: “El tiempo de llorar a Moisés, “mi siervo”, pasó. ¡Arriba!…

¿Se da cuenta?. Es el mismo Dios quien dice: ¡YA!.  El tiempo de sufrir debe tener un límite. Ahora, arriba, a seguir el camino, y levanta a otro guía, a Josué, y a éste le dice: “Como estuve con Moisés, estaré contigo”. (Josué 1,5). Lo importante es que yo sí seguiré con ustedes.

Usted no puede quedarse sólo en el tiempo de llorar, no puede quedarse sólo en el tiempo de lamentarse. Es urgente un cambio en  nuestros pensamientos. Usted nunca estará alegre, si, primero, no tiene pensamientos alegres, nunca estará confiado si, primero, no tiene pensamientos de confianza. Nunca se sentirá seguro si, primero, no tiene pensamientos de seguridad; nunca se sentirá tranquilo si, primero, no tiene pensamientos de paz. Si usted quiere saber cómo piensa Dios, aquí le dejo una idea:

Que bien me sé los pensamientos que pienso sobre vosotros – Oráculo de Yahveh -, pensamientos de paz y no de desgracia, de daros un porvenir de esperanza.” (Jeremías 29,11)

El éxito o el fracaso de la vida comienzan a concebirse en nuestra mente. Lo que pensamos que obtendremos, eso obtendremos. La forma en que nos valoremos, eso valdremos. Si afirmamos que lo que hablamos se cumple, y eso es cierto, entonces también lo que pensamos se cumplirá. Lo que quiero explicarle, es que nosotros podemos escoger lo que pensamos. Nadie puede hacernos pensar de una determinada manera; nadie puede obligarnos a tener un pensamiento, como tampoco nadie puede obligarnos a tener un sentimiento. Yo decido lo que pienso, al igual que yo decido lo que siento. Si decido odiar, odiaré; pero si decido perdonar y amar,  perdonaré y amaré. Sustituya, desde este momento,  los pensamientos negativos por pensamientos positivos. Los pensamientos de fracaso, de desastre, de separación,  de dolor, agárrelos  uno por uno y póngalos en el saco  de la basura.

Las computadoras tienen un espacio que se llama “Bandeja de desechos”, donde usted envía todo lo que no quiere y allí quedan eliminados, y si quiere, puede eliminarlos para siempre. La mente es así, recibe los pensamientos que usted le envíe y conserva los que usted decida conservar.

Pensar positivamente es una decisión. Decídase a ser un hombre o una mujer optimista. No puede, usted, pasarse la vida levantando en su mente un monumento al fracaso que tuvo o al dolor que recibió. Mucha gente, cuando se equivoca, cuando recibe un dolor muy fuerte, o cuando sufre una desilusión muy fuerte, en vez de seguir adelante, se convierten en estatuas de sal, porque se paralizan y se estancan en un pensamiento circular, sólo pensando en ese momento o en ese error. Hay que asumir nuestra responsabilidad en el asunto y dejar de estar inventando excusas para justificar por qué somos aburridos, agresivos, intrigadores, sarcásticos, mal humorados y duros de corazón.

Hasta que usted no decida “parar” ese tiempo, usted no será verdaderamente libre ni emocionalmente sano.  Si usted cree que puede vencer esos pensamientos y esos sentimientos, sin duda podrá…

– Si  piensa que tendrá éxito, lo tendrá

– Si  piensa  que su cuerpo puede ser sanado por el Poder de Dios, su cuerpo será sanado;

– Si  comienza a pensar que Dios tiene el Poder de cambiar una situación, Dios la cambiará.

– Si  comienza a pensar que Dios le ayudará a salir  de la miseria en la que se encuentra, sin duda que saldrá.

– Si  piensa que Dios puede darle la victoria sobre un hecho del pasado, un vicio o una depresión, Dios, sin lugar a dudas, lo hará.

Pero si por el contrario, usted sólo piensa que nunca saldrá de la crisis, nunca superará sus errores, nunca obtendrá recursos, nunca tendrá amor en su corazón: ¡Nunca lo hará! Llene su mente de optimismo y de la Palabra de Dios y el poder de Dios obrará en su favor. ¿En qué ha estado pensando todo este tiempo?.

Saulo Hidalgo